Amigos, compañeros y otras alimañas 
Dedicado a Laura Nuñez Pons y a mis compis Raúl y Luismi...

Si los tiempos y las pausas son especiales, las amistades de las campañas son otro elemento definitorio de las mismas.

Cuando comenzamos la prepaparación de cada campaña, 4 o 5 meses antes de la misma, se piensa en cada sensor, en cada herramienta, en cada metro de cable, cada tornillo y en cualquier cosa que podamos necesitar durante la misma. A pesar de todo siempre falta algo o siempre necesitas de alguien más para conseguir realizar el trabajo de montaje, mantenimiento o gestión de los experimentos en los puntos elegidos para trabajar. La ayuda para solventar esas deficiencias la encontramos en los otros miembros de la campaña; la frase más común en la Base es: "¿alguien tiene por ahí un ...?" Lo bueno es que si no se tiene se construye. Eso no significa que los demás estén pendientes de tus necesidades; pero la necesidad agudiza el ingenio y con una manita de unos, las opiniones de otros y algunos "joder..." las cosas se acaban arreglando en muchos casos. En algunos casos las reparaciones, modificaciones o replanteamientos de los experimentos son imposibles y la Antártida impone su ley; aquí si quieres que algo funcione más vale que lo hayas pensado mil veces pues si algo puede fallar, fallará. No sé si en el Hemisferio Sur y por debajo del paralelo 60º Sur tienen a un Murphy, pero seguro que el jodio era familiar de éste. Pero esto empieza a tener más que ver con cómo se trabaja en la Antártida que con los amigos. Y el trabajo es tema de otra entrega.


Laura (foto de Benito Martín)

Aquí las relaciones personales van de la mano del trabajo, bien por afinidades de los proyectos o por coincidencias en los lugares de experimentación, en los desplazamientos, en las comidas o en los dormitorios. En las bases no hay demasiada intimidad, por no decir casi ninguna, y en poco tiempo quedan al aire las virtudes y miserias de cada uno; esa combinación que define a cada cual, marcará también el grado de complicidad de las relaciones humanas. Aquí no existen los mil mecanismos creados en nuestra sociedad para ocultar nuestra composición. Hacer pública esa información nos deja indefensos como corderos entre lobos en una sociedad que se caracteriza por una agresividad producto del miedo a los demás. Esta franqueza a la fuerza que caracteriza la convivencia en las bases hace que algunos comiencen a vivir en una burbuja paralela que los desarraiga de sus vidas reales. Es imprescindible ser conscientes de que la campaña dura entre 2 y 4 meses y al volver a nuestros lugares de origen seremos "los mismos". Las vidas vacias aquí se llenan y las llenas rebosan. Los problemas de allí, aquí pueden agudizarse o anestesiarse; y como siempre, de nosotros depende la actitud que tomemos frente a esta situación. Eso sí, después habremos de ser consecuentes con nuestras acciones.


Raúl (foto de Segavdec-flux)

En este contexto general aparecen los amigos y los compañeros de las campañas; y digo amigos en su acepción más pura; esas personas de las que te puedes fiar y en las que puedes encontrar una mano donde apoyarte y de los que solo esperas ayuda. La gente que yo he conocido en las campañas las dividiría en tres tipos: amigos, compañeros y otros. Los primeros son especiales, son aquellos de los que hablarás con un nudo en la garganta en otras campañas, los que te harán humedecer los ojos en la despedida al final de la campaña; son aquellos a los que te une una verdadera relación, sosegada quizá por la seguridad de que no los volverás a ver pero que dejan en uno una huella imborrable. De entre estos hay algunos muy especiales con los que te une "un algo" imposible de romper, esos son los "primos"; pero eso es algo que no contaré pues lo guardo en mi tarro de las esencias, ese que abro para dar una bocanada antes de arremeter contra un problema, ese que utilizo para buscar un rato de sosiego en una vida que no nos da tregua. Con los compañeros te une el afecto que resulta del trato cordial debido al desarrollo de la actividad profesional. Los otros son aquellos con los que por diferencias de carácter, falta de contacto, etc., no se fragua una comunicación franca. Creo que allí dejamos ver nuestra parte más humana y por eso, este tercer grupo es más escaso, o al menos en mi caso.


Luismi (foto de Segavdec-geo)

Después de muchas campañas uno termina por encontrarse dentro de una familia antártica. Pero es imprescindible no buscar en ella la droga que nos aisle de nuestros problemas; esos continuaran esperando y engordando hasta que decidamos tratarlos.




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