Pansatonic Antártico (I) 
Como ya hemos comentado, la Antártida marca sus tiempos. Hay determinados elementos en el día a día de las bases que se repiten con una cierta periodicidad y por tanto crean "ritmos" en el tiempo. En lo referente a la vida en la base, hay dos tipos de días en una campaña. Aquellos en que te toca servicio, "María", y aquellos en los que no. A ese respecto, las cosas parecen muy similares a lo que cuenta la película: "Atrapado en el Tiempo", que se desarrolla en un pueblo llamado Pansatonic. La película narra la historia de un hombre que todos los días se levanta la misma mañana del mismo año en un pueblo llamado Pansatonic. Cada vez que en la película suena el despertador se oye en la radio: "Buenos días, hoy es el día de la marmota, aquí, en Pansatonic..."



En la Base se toca diana a la misma hora cada día de la campaña, las 8 de la mañana; bueno, miento, los domingos y los días de fiesta tocan diana una hora más tarde, pero eso es un detalle insignificante en este contexto general. Si no te toca "María", te levantas con la música, te lavas, te vistes, te sientas a desyunar a eso de las 8:30 y al campo y al módulo científico a trabajar. Así pasa la mañana y llegan las 14:30, la hora de la comida. Suponiendo que no tengamos "María", la gente habrá ido llegando al módulo de vida a partir de las 14:00, unos mendigando una ducha o turno en la lavadora, a las "Marías"; también es uno de los ratos en que se busca el turno para llamar a casa. La gente va pillando una cervecilla o refresco y empiezan a picar antes de la comida y en el inicio de la misma. Es uno de los momentos, con la hora del desayuno y de la cena en que más movimiento se aprecia en el módulo de vida. Únicamente no acudirán a comer aquellos que tenían previsto alargar sus trabajos y aquellos a los que se les ha alargado por una complicación o modificación de su planificación de la mañana. Luego la sobremesa, si recordáis esta era una de las pausas. Se terminan aquí las conversaciones iniciadas durante las comidas o se dormita para reparar el cuerpo de la palicilla de la mañana.


(Foto de Blanca)


(Foto de Eduardo Blanco)

Vuelta al trabajo por la tarde; unos vuelven al campo y otros al módulo científico y otros mezclan actividades. Los que están en la BAE y no han podido conseguirlo durante la mañana, buscarán turno y llamarán, lavarán ropa o se ducharán. Una llamada son entre 2 y 5 minutos. La ropa, lo que se dice lavarla, la lava la lavadora; el siguiente en la cola de la lavadora, si el interesado no está en la BAE, te suele pasar la ropa a la secadora, si ésta se encuentra libre, y así poder meter su ropa en la lavadora. Con la secadora igual, uno le dice al que le sigue que la ropa es suya, que si termmina y no está en la BAE cuando la máquina termine, que le ponga la ropa seca en la cama y use la secadora. Vamos, que los turnos se organizan a base de colaborar unos con otros sin mayores complicaciones y gracias también al orden impuesto por las "Marias". Claro que todo esto vale para los que no están de servicio.



Se aproximan las 21:30, hora local, es decir 4 horas menos que en España. Han ido apareciendo la gente en la BAE de vuelta del campo, otros terminan trabajos de gabinete. Siguen los turnos de lavadora y ducha, los de llamada no, ya son las 24:00 en España. Se acerca la gente a la mesa y empieza la danza de la hipoglucemia, se comienza a picar alguna cosilla, una cervecilla, un vinito o un refresco, se comenta el día y aparecen las anécdotas; risas, bromas o comentarios sobre problemas en tal o cual equipo o montaje. Este ambiente continuará durante la cena. Solo faltan aquellos que han avisado que no llegan a la cena por prolongar los trabajos.


(Foto de Blanca)




(Foto de Blanca)

Este año se organizaba la actividad el día siguiente después de la cena: necesidades logísticas de los proyectos de investigación y después, reunión de los responsables de la logística para la distribución del personal. En paralelo a estas reuniones, los que no habían de estar, van organizando reuniones informales de cada proyecto para comentar detalles del día siguiente o vuelven al módulo científico a terminar algún trabajillo, escribir un correo electrónico, etc. Cerca ya de las 23:00 la gente va volviendo al módulo científico y se sienta a la tertulia, se forma el ciber-café. Unos bromean con un refresco o una copilla y otros se dedican a los correos electrónicos o a escuchar su musiquilla con los cascos en su portátil o en su MP3. Es otra de las pausas de las que se habló en la entrega de los tiempos y las pausas. A las 00:00 el grupo electrógeno que se encarga de suministrar energía electrica se apaga. Hasta la 1:00 o 1:30 habrá luces de emergencia y se mantenienen las tertulias por los más trasnochadores y los que comienzan a descansar por haber terminado con el apagado del motor. Este es otro rato mágico; fuera, una luz tamizada persiste durante toda la noche hasta la segunda semana de enero, esa penumbra y el silencio, roto solo por una risa o una conversación susurrada, invita a disfrutar del espectáculo de Decepción, de su magia, como se disfruta de ciudades con solera paseando por su casco antiguo un día que ha llovido cuando ya el grueso se ha ido a dormir; ese momento en que parece que la ciudad, en este caso la Isla, parece suspirar del ajetreo diario e invita a los melancolicos y los enamorados a disfrutar de la vida. Eso, eso también pasa en Decepción. Después a domir, mañana sonará el despertador y se oirá en la radio: "Buenos días, hoy es el día de la marmota, aquí, en Pansatonic...".


(Foto de Benito Martin)



Nada he dicho sobre el día de "María", esta será la siguiente entrega. Tampoco he dicho nada de aquellos que siempre nos costó adaptarnos a horarios, aquellos cuyos tiempos están regidos por un reloj cuya velocidad parece no ser constante a lo largo del día. Estos últimos en la Antártida parecemos vivir en tiempos paralelos y conseguimos vivir de forma paralela y no divergente gracias a la ayuda de los amigos. Nos cruzamos con uno de nuestros compis que va a lavar y le pedimos que nos ponga dos o tres cosas nuestra en su lavadora. Eso ocurre cuando nos damos cuenta que nunca estamos cuando se organizan los turnos de lavado; nos duchamos cuando apagan motores, no llegamos a comer o a cenar y siempre descansamos en el turno del las 00:00 a las 2:00 de la madrugada. Algunos nos comentan que necesitamos más organización, pero no se dan cuenta de que únicamente hay una razón para ello: en la Antártida vivimos para el proyecto y debido a que nos hemos habituado a vivir sin una planificación diaria, nos provoca menos estres seguir el ritmo marcado por el proyecto que supeditar el trabajo que éste nos requiere a los horarios de la BAE. No digo que lo que hacemos sea mejor o peor, digo que otra forma de hacer las cosas. Si bien muchas veces envidio al que es capaz de marcarse tiempos y respetarlos, otras veces veo como sufren al tratar de poner puertas al campo. Creo que en la actividad de la campaña son necesarias ambas tipologías. Sobre todo si conseguimos que se complementen.


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La magia de la Isla Decepción 
Cuando alguien viene a trabajar en un proyecto por primera vez y lo hace en Decepción todo son sentimientos encontrados. Uno espera encontrar parajes blanco-azulado, reinados por los vientos antárticos y por el frío. Hay algo cierto en esa idea preconcevida sobre Decepción; lo relativo al frío y al viento. Pues Decepción se encuentra en el reino de estos dos dioses y la primera visión de la Isla suele encojer el corazón. Decepción suele estar cubierta por nubes, una especie de boina que hace que durante una campaña dejemos de ver el Sol de forma habitual.


(Foto de Laura Nuñez Pons)


(Foto de Benito Martín)

Con el viento arreciando, el frío cada vez más tangible y los colores negros de un piroclasto que se empeña en robar a las nieves ese atractivo color blanco luminoso, Decepción ofrece un aspecto algo lúgubre, al menos aparentemente. Esa primera impresión irá siendo sustituida por un sentimiento cada vez más cálido hacia la Isla a medida que uno pasa tiempo en ella. Decepción es un volcán, uno de los tres emergidos de la islas Shetland del Sur; y de los tres el único activo. A pesar de estar cubierta por glaciares en un porcentaje grande, cerca del 70 u 80 por ciento, estos en su mayor extensión son glaciares negros. Pero estos son datos fáciles de encontrar en Internet. Lo que no se puede encontrar fácilmente en Internet es la sensación que se tiene al trabajar y vivir en Decepción durante una campaña antártica. En mi caso trabajar en los cerros "pelones" de piroclastos caracterizados por fuertes pendientes, cerros incommodos de subir que forman las paredes de algún antiguo crater de anteriores erupciones, y en encallejonados valles ocultos para aquellos que ven la Isla desde los accesos de las playas. En todos los casos, el rey de esos lugares es el viento, un viento frío que sopla sin cesar y que te obliga a cubrirte completamente hasta desaparecer debajo de los cortavientos, guantes, pantalones de tormenta, forros polares, gorros y demás ropa de abrigo. Mientras trabajas en estas condiciones aprendes a entrenar la paciencia con ése que reina en este mundo. Entre la ropa que te aisla físicamente del entorno y el ulular del viento que aisla tus pensamientos, de repende, sin saber desde cuándo ni por qué, te encuentras mirando hacia tu interior, quizá buscando los límites del aguante físico o intentando evadirte del castigo físico que supone trabajar en esas condiciones.


(Foto de Segavdec-flux)


(Foto de Segavdec-flux)

En Decepción se mezclan los colores, ocres, rojos y amarillos tierra con el blanco de los glaciares y el negro de los piroclastos, aquí los cerros se levantan con formas suaves junto a los fuertes cortados que configuran las crestas que separan el anillo exterior de la Isla y las playas de la bahía interior. Decepción tiene forma de C, abierta hacia el Sureste por un estrecho paso. Al fondo, la playa de Fumarolas separada del exterior por la Cresta Stonethrow. Éste es uno de esos lugares mágicos de la Isla pues en ella habita el espíritu de Decepción, el Hombre de Piedra. Cuando uno le hace una visita al Hombre de Piedra y se encuentra las Crestas entre las nubes con sus colores ocres, negros y amarillos tierra la vista es sobrecogedora y la magia flota en el ambiente. Los valles que aparecen tras cualquiera de los collados que se atraviesan en las marchas de aproximación pueden mostrarte una auténtica sinfonía de colores sobre una base negra de aspecto lunar y su visión suele provocar una sensación de libertad y pequeñez que le marca a uno para siempre.


(Foto de Segavdec-geo)


(Foto de Javier Cristobo)

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Amigos, compañeros y otras alimañas 
Dedicado a Laura Nuñez Pons y a mis compis Raúl y Luismi...

Si los tiempos y las pausas son especiales, las amistades de las campañas son otro elemento definitorio de las mismas.

Cuando comenzamos la prepaparación de cada campaña, 4 o 5 meses antes de la misma, se piensa en cada sensor, en cada herramienta, en cada metro de cable, cada tornillo y en cualquier cosa que podamos necesitar durante la misma. A pesar de todo siempre falta algo o siempre necesitas de alguien más para conseguir realizar el trabajo de montaje, mantenimiento o gestión de los experimentos en los puntos elegidos para trabajar. La ayuda para solventar esas deficiencias la encontramos en los otros miembros de la campaña; la frase más común en la Base es: "¿alguien tiene por ahí un ...?" Lo bueno es que si no se tiene se construye. Eso no significa que los demás estén pendientes de tus necesidades; pero la necesidad agudiza el ingenio y con una manita de unos, las opiniones de otros y algunos "joder..." las cosas se acaban arreglando en muchos casos. En algunos casos las reparaciones, modificaciones o replanteamientos de los experimentos son imposibles y la Antártida impone su ley; aquí si quieres que algo funcione más vale que lo hayas pensado mil veces pues si algo puede fallar, fallará. No sé si en el Hemisferio Sur y por debajo del paralelo 60º Sur tienen a un Murphy, pero seguro que el jodio era familiar de éste. Pero esto empieza a tener más que ver con cómo se trabaja en la Antártida que con los amigos. Y el trabajo es tema de otra entrega.


Laura (foto de Benito Martín)

Aquí las relaciones personales van de la mano del trabajo, bien por afinidades de los proyectos o por coincidencias en los lugares de experimentación, en los desplazamientos, en las comidas o en los dormitorios. En las bases no hay demasiada intimidad, por no decir casi ninguna, y en poco tiempo quedan al aire las virtudes y miserias de cada uno; esa combinación que define a cada cual, marcará también el grado de complicidad de las relaciones humanas. Aquí no existen los mil mecanismos creados en nuestra sociedad para ocultar nuestra composición. Hacer pública esa información nos deja indefensos como corderos entre lobos en una sociedad que se caracteriza por una agresividad producto del miedo a los demás. Esta franqueza a la fuerza que caracteriza la convivencia en las bases hace que algunos comiencen a vivir en una burbuja paralela que los desarraiga de sus vidas reales. Es imprescindible ser conscientes de que la campaña dura entre 2 y 4 meses y al volver a nuestros lugares de origen seremos "los mismos". Las vidas vacias aquí se llenan y las llenas rebosan. Los problemas de allí, aquí pueden agudizarse o anestesiarse; y como siempre, de nosotros depende la actitud que tomemos frente a esta situación. Eso sí, después habremos de ser consecuentes con nuestras acciones.


Raúl (foto de Segavdec-flux)

En este contexto general aparecen los amigos y los compañeros de las campañas; y digo amigos en su acepción más pura; esas personas de las que te puedes fiar y en las que puedes encontrar una mano donde apoyarte y de los que solo esperas ayuda. La gente que yo he conocido en las campañas las dividiría en tres tipos: amigos, compañeros y otros. Los primeros son especiales, son aquellos de los que hablarás con un nudo en la garganta en otras campañas, los que te harán humedecer los ojos en la despedida al final de la campaña; son aquellos a los que te une una verdadera relación, sosegada quizá por la seguridad de que no los volverás a ver pero que dejan en uno una huella imborrable. De entre estos hay algunos muy especiales con los que te une "un algo" imposible de romper, esos son los "primos"; pero eso es algo que no contaré pues lo guardo en mi tarro de las esencias, ese que abro para dar una bocanada antes de arremeter contra un problema, ese que utilizo para buscar un rato de sosiego en una vida que no nos da tregua. Con los compañeros te une el afecto que resulta del trato cordial debido al desarrollo de la actividad profesional. Los otros son aquellos con los que por diferencias de carácter, falta de contacto, etc., no se fragua una comunicación franca. Creo que allí dejamos ver nuestra parte más humana y por eso, este tercer grupo es más escaso, o al menos en mi caso.


Luismi (foto de Segavdec-geo)

Después de muchas campañas uno termina por encontrarse dentro de una familia antártica. Pero es imprescindible no buscar en ella la droga que nos aisle de nuestros problemas; esos continuaran esperando y engordando hasta que decidamos tratarlos.




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Los tiempos y las pausas 
Una vez terminado el grueso de la descarga se comienza con la actividad de los proyectos. No sé si a partir de este momento se puede decir que uno tiene la sensación de que el tiempo se detuviese o, quizás de que pasase muy rápido. Lo cierto es que en la Antártida los tiempos y las pausas son diferentes a los de nuestros lugares de origen. La Antártida marca sus propios ritmos. Se aprende a trabajar todo el tiempo que las condiciones atmosféricas lo permiten y a no dejar nada para el día siguiente. Esa filosofía es lo que creo que hace que los horarios pasen a un segundo plano. Las comidas, las dianas y las paradas de los grupos electrógenos tratan de mantener un orden en los tiempos, pero a duras penas lo consiguen; las necesidades de los proyectos, poco a poco van imponiendo sus ritmos y sus caprichos.



Todo el que ha estado aquí antes sabe que en la primera fase, el período entre la apertura y mediados de enero, transcurre en este caos hasta la Navidad. Desde Navidad hasta la finalización de la fase el tiempo parece volar, y los días se escapan como los granos de arena entre los dedos. Cómo se pasa la Navidad o el Fin de Año fuera de casa es el tema de otra entrega del blog.





Cada día se encuentra un rato para comentar anécdotas con los compañeros de la base. Cuando entras o sales de la base a los puntos de trabajo y te cruzas con otros miembros siempre hay un momentillo para comentar cosillas. Te suelen preguntar por tu trabajo o tu planificación para el día. Es como la vida de un pequeño pueblecillo de unas 20 personas. Este año, en primera fase estamos 28 y vendrán más. Es importante que la gente sepa donde estás; la Antártida tiene el atractivo de las serpientes y hay que andar alerta si no quieres que te dé un susto. Otros momentos de pausa son las sobremesas después de la cena en que se comentan los "chismes del día". En esas pausas se van forjando amistades muy intensas entre personas que nunca antes se vieron y se refuerzan las hechas en otras campañas. Pero ahora no vamos a hablar tampoco de las relaciones humanas durante las campañas, estamos con los tiempos y pausas.



Otras pausas importantes son las paradas durante las marchas para echar una "fotico"; o las propias marchas por lugares mágicos de una pureza que hace que te maldigas por tener que alterarlos, pues sientes como invades algo que no te está permitido pisar. Pero en esos puntos están las estaciones de medida; no olvidemos que nuestra labor en la Antártida es la realización de la campaña de medidas de un proyecto. Esas largas marchas de aproximación a los puntos de experimentación, muchas veces bajo condiciones atmosféricas más o menos duras de viento, temperaturas y nevadas, dan tiempo para pensar y para sumergirse en uno mismo y en el espíritu de la Antártida.






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Del 30 de noviembre al 4 de diciembre 
Acabamos de salir del puerto de Ushuaia; nos quedan casi 600 millas naúticas por recorrer en algo menos de 3 días por unas de las zonas más duras del Mundo para la navegación. Navegaremos toda la noche por el Canal del Beagle y saldremos a mar abierto alrededor de las 7 de la mañana del día 1. Había prisa por salir, se está metiendo un borrasca en el Paso de Drake, también conocido por Mar de Hoces. La primera noche se ha dormido de maravilla pero al salir a mar abierto se empieza la cosa a poner seria, aunque en las primeras horas, ya zurrando el viento de componente oeste, seguimos navegando con sol y podemos subir a puente a hacer fotos.



Las pastillas antimareo corren desde antes de la salida entre los miembros de la campaña como pirulas en las discotecas. Mi sistema es más sencillo, y es mi septimo cruce: comer, disfrutar y tumbarme en la cama cuando me siento molesto o aburrido; y solo subir a puente cuando estoy en buenas condiciones. Vamos a allá, a ver si funciona esa vez la fórmula. Como era de esperar la cosa se va poniendo peor conforme avanza el día 1; el viento del oeste sigue subiendo, el oleaje de costado aumenta y el Sol queda cubierto por las nubes. Las comidas pasan a bocadillo y el desayuno a algo similar. En puente comienza a aconsejarnos no salir a los alerones pues la mar y la escora lo desaconsejan. La noche del 1 de diciembre ya es un castigo, no se descansa y el suelo se concilia, en el mejor de los casos, un par de horas seguidas. Me duelen los riñones de estar tirado en la cama, pero andar aburrido por el interior del barco con este tiempo es comprar papeletas para terminar empotrado contra un mamparo por un golpe de mar. Ya hay gente que va muy mal y el médico del buque comienza pinchar a los que no controlan los vómitos.



El día 2 pasa con más bocadillos, los trenes de olas de entre 4 y 6 metros son habituales. Más cama y más buscar una posición en la que no duelan los riñones. No se puede salir al exterior, no se pueden hacer fotos desde fuera, las olas barren la toldillas de Las Palmas y el agua salta al puente. Se llegan a alcanzar los 42º de escora y durante la noche del 1 al 2 un contenedor se ha movido. Durante un tiempo, el necesario para fijar el contenedor, capeamos el temporal, navegando al Este con el mar de popa, pero después ponemos rumbo 166º en demanda del archipiélago de las Shetland del Sur. La cosa seguirá empeorando durante la noche. A las 3 de la madrugada del día 3 subo a puente y me quedo allí un par de horas me dicen que hasta las 7 de la mañana no pasaremos entre Snow y Smith, dos de las Shetland. Me voy a acostar. A las 7 subo y veo el paso por Snow. El viento está subiendo mucho, 30 y 50 nudos. Nos dirigimos directamente a Decepción pues en la BAE Juan Carlos I las olas no permiten el desembarco de material, no digamos en Bayers.



Nos acercamos a Decepción. Hacemos la observación de la costa exterior, no se aprecia nada extraño. El viento sigue aumentando. Entramos en Puerto Foster, el puerto natural que forma Decepción, dentro hay vientos de 60 nudos con rachas superiores a los 70, se realiza la observación del anillo interior de la Isla, pero con ese viento no pueden bajarse zodiacs para transportarnos a tierra y realizar la monitorización del estado sismico de la Isla; tercer punto para el establecimiento del semáforo vlcánico en Decepción. El barco tampoco puede fondear y fuera de Puerto Foster las condiciones son mucho peores, así que Las Palmas comienza a dar vueltas por Puerto Foster al mínimo de máquinas.



El día 4 es igual que el 3, el viento no baja de los 35 nudos en ningún momento. Eso significa que las zodiacs no pueden botarse y lo que hace imposible desembarcar. La vida abordo es tranquila, y nada monótona aunque pueda parecer lo contrario. El día 5 Las Palmas se approxima a su fecha límite para abandonar Decepción. Ha de ir a Rey Jorge para recoger a 9 investigadores que vienen en avión. Calma algo el viento y comienza el transporte de personal para la apertura de la BAE GdC y para el establecimiento del semáforo del estado volcánico. Una vez pasan las 4 horas estipuladas en el protocolo de establecimiento del estado volcánico comienza la verdadera descarga y apertura de la BAE GdC. Nosotros; Raúl, Luismi y yo ayudamos a la carga de las zodiacs y organización de las cargas en el buque. Hasta la tarde no bajaremos a tierra. En ese momento a playa y a colaborar en la descarga de las zodiacs que van llegando a tierra. Todo bajo un viento implacable. La tapa de una de las cajas denominadas "bigbox", de 1,5 m por 1,5 m, más o menos, sale volando y le pasa a mi amigo Beni rozando la cabeza. Un buen susto. El viento no para y la temperatura baja; las manos, a pesar de los guantes, cada vez están más frías. Turnos de cena, el caldo caliente y las empanadas gallegas de uno de los suboficiales gallegos de Las Palmas nos ayudan a seguir. Aquí no hay noche, así que la luz no marca los ritmos de trabajo.

Día 6, sigue la descarga y apertura de los módulos. La traida del agua desde el Crater Zapatilla. Ahora si está empezando la campaña en tierra y el viento sigue sin darnos descanso.


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