Felices Fiestas 


Desde la Antártida y con nuestros mejores deseos para estas
Navidades y para el próximo año, os enviamos esta felicitación.
Que paseis unas muy felices fiestas.

El equipo SEGAVDEC FLUX-GEO: Mariano, Luis y Raúl.

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Las Navidades en la Antártida 
Dedicado a cada una de las familias de los que allí estuvimos en Navidad. Todas renuncian a lo mismo.

Alguien puede pensar que hablar un 20 de febrero de las Navidades está fuera de lugar; yo no pienso así, por eso voy a tratar de contar como pasan las Navidades en la Antártida.

En todo lo que hacemos debería haber razones y formas. Por desgracia vivimos en una sociedad donde es más o menos común que las formas se utilicen para ocultar la falta de razones. Importamos las formas correspondientes a costumbres de otras culturas pero sin profundizar en las razones de ellas; es más, las importamos sin conocer las razones de nuestras propias costumbres, las de nuestra cultura. Realizamos cursos de 20 horas que nos sumerjan en una determinada cultura: cursos de Zen, de comida japonesa o de Tao, etc. En muchos casos esto hace que consigamos ocultar la más absoluta nada bajo una montaña de formas y para eso, incluso, llegamos a renunciar a nuestras propias costumbres, lo que en mi opinión, produce en el sujeto confusión y desarraigo. Nadie ha de entender esto como una proclama contra el enriquecimiento derivado del contacto entre diferentes culturas o del uso del conocimiento de esas otras culturas para conseguir relativizar la transcendencia de nuestras costumbres; nada más lejos de mi intención. Esto es un reflexión personal y puedo estar totalmente equivocado. Pero todo lo que quiero contar no tendría sentido fuera del marco creado por la reflexión anterior.

En las distintas campañas en la Antártida me he encontrado con los mismos estereotipos que encuentro en España: el que odia la Navidad, el que la entiende como una fiesta más, el que la entiende como una celebración familiar y la mezcla en diferentes grados de estos tres. Sí, es cierto que en la Antártida la Noche Buena y la Navidad son dos días de trabajo como todos los demás. Pero además son la Noche Buena y la Navidad y se organizan la cena y comida de costumbre. Dos comidas abundantes y en las que se saborean alimentos nada habituales durante el resto de la campaña, además se organiza una fiestecilla después de cenar, se adorna la Base con el arbol y los adornos de navidad y con un nacimiento. Esos días todos ayudan a las "Marías", la cena se prepara en parte con ayuda de todos y todos estamos a la hora de la cena y de la comida de Navidad. Se intenta crear un ambiente similar al de un hogar en España reproduciendo las formas, los elementos habituales, pero en todos, o casi todos, hay un punto de melancolía. En la campaña hay amigos, muy buenos amigos, pero la familia está en casa. Y es que ni todas las luces, risas, adornos, comidas hacen que te puedas olvidar de que en casa está tu familia. Quizá ese estado común de melancolía nos provoque la necesidad de reirnos un rato, y esa necesidad común quizá sea la razón de que resulte una velada agradable y divertida y en algún caso un poco loca, pero nunca he pasado unas navidades entrañables en la Antártida. La sensación de que la Navidad pasa de puntillas por la Antártida es acertada; y desde este punto de vista, no es solo una sensación sino algo real.


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Pansatonic Antártico (II) 
Dedicado a todos, porque todos hemos sido "María"; pero especialmente, a esos que se dejan los riñones en sus días de "María". Aunque no se diga, siempre se nota el trabajo hecho con cariño. Gracias...



Me hubiera gustado terminar la anterior entrega, la primera parte de Pansatonic Ant�rtico, con el pen�ltimo p�rrafo, pero creo que el �ltimo era necesario para introducir esta segunda parte.

No hay duda que todos los d�as de la campa�a son diferentes. Pero si tuvieramos que contar los d�as que pasaron entre dos sucesos distintos en dos d�as diferentes, casi seguro que nos llevar�a un buen rato y tendr�amos que tirar de los diarios de trabajo. La rutina descrita en la entrega anterior hace que los d�as empiecen a pasar sin que seamos conscientes. Solo hechos muy notables, como los d�as de Noche Buena, Navidad y A�o Viejo, hacen patente la velocidad vertiginosa a la que corre el tiempo durante la campa�a. Ya se coment� algo de esto en Tiempos y Pausas. Esto es lo que intento hacer llegar con estas dos entregas; que los d�as vuelan y que esa rutina camufla la velocidad con la que el tiempo est� pasando, lo mismo que ocurrir�a si todos los d�as fuesen iguales.

Tambi�n coment� algo en ese �ltimo p�rrafo al que he hecho referencia sobre los habitantes de la BAE que desarrollan "vidas paralelas". Exactamente no son vidas paralelas pues hay d�as en los que la BAE impone su ley y paralela o no paralela, la vida, los d�as de "Mar�a" son los d�as de "Mar�a". En la BAE vive un grupo de personas con las misma necesidades que cualquier comunidad. Hay que mantener servicios: agua corriente, luz, recogida de basuras y aguas negras, limpieza de zonas comunes, lavander�a, comidas, etc. El agua corriente, la luz o el tratamiento de aguas negras est� asignado a los equipos de mantenimiento, motores o gesti�n medioambiental. Pero la puesta y retirada de los desayunos, la comida y la cena, la limpieza de las zonas comunes y la retirada de las basuras se hace entre todos. Cada d�a, sobre un grupo de dos personas recaen fundamentalmente esas tareas.


(Foto de Benito Mart�n)

Las "Marias" son asignadas por el jefe de base y pueden cambiarse con otros compa�eros por necesidades de los proyectos, con una restricci�n, al final, antes de salir de la base tienes que hacer el n�mero de MArias que te tienen asignadas, o alguien de tu proyecto, o alg�n amigo, las tiene que cubrir. Lo normal es que cada uno haga sus "Mar�as" sin mayor problema, salvo por alg�n cambio en las fechas.


(Foto de Javier Cristobo)

Las "Mar�as" comienzan el d�a levant�ndose a las 7:30, preparan el desayuno para el resto de la BAE (28 a 30 personas en primera fase de esta campa�a y picos de 38), ponen la mesa, sirven el desayuno y recogen la mesa. preparan lavaplatos, barren y friegan el suelo de las zonas comunes, limpian los 4 servicios y ayudan en cocina, al cocinero en lo que �ste indica. Reponen desde los almacenes las bebidas y comestibles que hacen falta. Adem�s organizan el turno de lavadoras y duchas. Ponen mesa para la comida, sirven la comida y recojen y limpian la loza y la cocina. Con la cena hacen lo mismo, pero adem�s dejan limpias las cafeteras y la lechera para las "Mar�as" del d�a siguiente. Adem�s retiran las basuras de los distintos tipos. Esto deja �nicamente tiempo libre para trabajar en los proyectos durante media ma�ana y algo m�s en la tarde. Pero uno de los documentos que se firma en un proyecto de investigaci�n con uso de instalaciones ant�rticas es la aceptaci�n de realizar todo tipo de tareas necesarias para el funcionamiento de la BAE.



A cambio de este esfuerzo, las "Mar�as" tienen varios privilegios: ponen la m�sica que quiren en la BAE y nadie se la puede quitar o variar el volumen y tienen prioridad en las duchas y en la lavadora. Adem�s hay un beneficio a�adido. Los compis de Mar�a, suelen hacer buenas migas. Esto era m�s evidente cuando las parejas de Mar�a se formaban para toda la campa�a y adem�s no hab�a cocinero con lo que a las tareas antes indicadas se le incorporaba la de hacer comidas y pan. Yo apend� a hacer pan, cemento y a soldar en las campaa�as ant�rticas. Y guardo gran recuerdo y contacto con Gilberto, mi compi italiano de Mar�a en la campa�a 1998/1999. A partir de esa campa�a se rompieron las paraejas de Mar�as...


(Foto de Benito Mart�n)


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Pansatonic Antártico (I) 
Como ya hemos comentado, la Antártida marca sus tiempos. Hay determinados elementos en el día a día de las bases que se repiten con una cierta periodicidad y por tanto crean "ritmos" en el tiempo. En lo referente a la vida en la base, hay dos tipos de días en una campaña. Aquellos en que te toca servicio, "María", y aquellos en los que no. A ese respecto, las cosas parecen muy similares a lo que cuenta la película: "Atrapado en el Tiempo", que se desarrolla en un pueblo llamado Pansatonic. La película narra la historia de un hombre que todos los días se levanta la misma mañana del mismo año en un pueblo llamado Pansatonic. Cada vez que en la película suena el despertador se oye en la radio: "Buenos días, hoy es el día de la marmota, aquí, en Pansatonic..."



En la Base se toca diana a la misma hora cada día de la campaña, las 8 de la mañana; bueno, miento, los domingos y los días de fiesta tocan diana una hora más tarde, pero eso es un detalle insignificante en este contexto general. Si no te toca "María", te levantas con la música, te lavas, te vistes, te sientas a desyunar a eso de las 8:30 y al campo y al módulo científico a trabajar. Así pasa la mañana y llegan las 14:30, la hora de la comida. Suponiendo que no tengamos "María", la gente habrá ido llegando al módulo de vida a partir de las 14:00, unos mendigando una ducha o turno en la lavadora, a las "Marías"; también es uno de los ratos en que se busca el turno para llamar a casa. La gente va pillando una cervecilla o refresco y empiezan a picar antes de la comida y en el inicio de la misma. Es uno de los momentos, con la hora del desayuno y de la cena en que más movimiento se aprecia en el módulo de vida. Únicamente no acudirán a comer aquellos que tenían previsto alargar sus trabajos y aquellos a los que se les ha alargado por una complicación o modificación de su planificación de la mañana. Luego la sobremesa, si recordáis esta era una de las pausas. Se terminan aquí las conversaciones iniciadas durante las comidas o se dormita para reparar el cuerpo de la palicilla de la mañana.


(Foto de Blanca)


(Foto de Eduardo Blanco)

Vuelta al trabajo por la tarde; unos vuelven al campo y otros al módulo científico y otros mezclan actividades. Los que están en la BAE y no han podido conseguirlo durante la mañana, buscarán turno y llamarán, lavarán ropa o se ducharán. Una llamada son entre 2 y 5 minutos. La ropa, lo que se dice lavarla, la lava la lavadora; el siguiente en la cola de la lavadora, si el interesado no está en la BAE, te suele pasar la ropa a la secadora, si ésta se encuentra libre, y así poder meter su ropa en la lavadora. Con la secadora igual, uno le dice al que le sigue que la ropa es suya, que si termmina y no está en la BAE cuando la máquina termine, que le ponga la ropa seca en la cama y use la secadora. Vamos, que los turnos se organizan a base de colaborar unos con otros sin mayores complicaciones y gracias también al orden impuesto por las "Marias". Claro que todo esto vale para los que no están de servicio.



Se aproximan las 21:30, hora local, es decir 4 horas menos que en España. Han ido apareciendo la gente en la BAE de vuelta del campo, otros terminan trabajos de gabinete. Siguen los turnos de lavadora y ducha, los de llamada no, ya son las 24:00 en España. Se acerca la gente a la mesa y empieza la danza de la hipoglucemia, se comienza a picar alguna cosilla, una cervecilla, un vinito o un refresco, se comenta el día y aparecen las anécdotas; risas, bromas o comentarios sobre problemas en tal o cual equipo o montaje. Este ambiente continuará durante la cena. Solo faltan aquellos que han avisado que no llegan a la cena por prolongar los trabajos.


(Foto de Blanca)




(Foto de Blanca)

Este año se organizaba la actividad el día siguiente después de la cena: necesidades logísticas de los proyectos de investigación y después, reunión de los responsables de la logística para la distribución del personal. En paralelo a estas reuniones, los que no habían de estar, van organizando reuniones informales de cada proyecto para comentar detalles del día siguiente o vuelven al módulo científico a terminar algún trabajillo, escribir un correo electrónico, etc. Cerca ya de las 23:00 la gente va volviendo al módulo científico y se sienta a la tertulia, se forma el ciber-café. Unos bromean con un refresco o una copilla y otros se dedican a los correos electrónicos o a escuchar su musiquilla con los cascos en su portátil o en su MP3. Es otra de las pausas de las que se habló en la entrega de los tiempos y las pausas. A las 00:00 el grupo electrógeno que se encarga de suministrar energía electrica se apaga. Hasta la 1:00 o 1:30 habrá luces de emergencia y se mantenienen las tertulias por los más trasnochadores y los que comienzan a descansar por haber terminado con el apagado del motor. Este es otro rato mágico; fuera, una luz tamizada persiste durante toda la noche hasta la segunda semana de enero, esa penumbra y el silencio, roto solo por una risa o una conversación susurrada, invita a disfrutar del espectáculo de Decepción, de su magia, como se disfruta de ciudades con solera paseando por su casco antiguo un día que ha llovido cuando ya el grueso se ha ido a dormir; ese momento en que parece que la ciudad, en este caso la Isla, parece suspirar del ajetreo diario e invita a los melancolicos y los enamorados a disfrutar de la vida. Eso, eso también pasa en Decepción. Después a domir, mañana sonará el despertador y se oirá en la radio: "Buenos días, hoy es el día de la marmota, aquí, en Pansatonic...".


(Foto de Benito Martin)



Nada he dicho sobre el día de "María", esta será la siguiente entrega. Tampoco he dicho nada de aquellos que siempre nos costó adaptarnos a horarios, aquellos cuyos tiempos están regidos por un reloj cuya velocidad parece no ser constante a lo largo del día. Estos últimos en la Antártida parecemos vivir en tiempos paralelos y conseguimos vivir de forma paralela y no divergente gracias a la ayuda de los amigos. Nos cruzamos con uno de nuestros compis que va a lavar y le pedimos que nos ponga dos o tres cosas nuestra en su lavadora. Eso ocurre cuando nos damos cuenta que nunca estamos cuando se organizan los turnos de lavado; nos duchamos cuando apagan motores, no llegamos a comer o a cenar y siempre descansamos en el turno del las 00:00 a las 2:00 de la madrugada. Algunos nos comentan que necesitamos más organización, pero no se dan cuenta de que únicamente hay una razón para ello: en la Antártida vivimos para el proyecto y debido a que nos hemos habituado a vivir sin una planificación diaria, nos provoca menos estres seguir el ritmo marcado por el proyecto que supeditar el trabajo que éste nos requiere a los horarios de la BAE. No digo que lo que hacemos sea mejor o peor, digo que otra forma de hacer las cosas. Si bien muchas veces envidio al que es capaz de marcarse tiempos y respetarlos, otras veces veo como sufren al tratar de poner puertas al campo. Creo que en la actividad de la campaña son necesarias ambas tipologías. Sobre todo si conseguimos que se complementen.


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La magia de la Isla Decepción 
Cuando alguien viene a trabajar en un proyecto por primera vez y lo hace en Decepción todo son sentimientos encontrados. Uno espera encontrar parajes blanco-azulado, reinados por los vientos antárticos y por el frío. Hay algo cierto en esa idea preconcevida sobre Decepción; lo relativo al frío y al viento. Pues Decepción se encuentra en el reino de estos dos dioses y la primera visión de la Isla suele encojer el corazón. Decepción suele estar cubierta por nubes, una especie de boina que hace que durante una campaña dejemos de ver el Sol de forma habitual.


(Foto de Laura Nuñez Pons)


(Foto de Benito Martín)

Con el viento arreciando, el frío cada vez más tangible y los colores negros de un piroclasto que se empeña en robar a las nieves ese atractivo color blanco luminoso, Decepción ofrece un aspecto algo lúgubre, al menos aparentemente. Esa primera impresión irá siendo sustituida por un sentimiento cada vez más cálido hacia la Isla a medida que uno pasa tiempo en ella. Decepción es un volcán, uno de los tres emergidos de la islas Shetland del Sur; y de los tres el único activo. A pesar de estar cubierta por glaciares en un porcentaje grande, cerca del 70 u 80 por ciento, estos en su mayor extensión son glaciares negros. Pero estos son datos fáciles de encontrar en Internet. Lo que no se puede encontrar fácilmente en Internet es la sensación que se tiene al trabajar y vivir en Decepción durante una campaña antártica. En mi caso trabajar en los cerros "pelones" de piroclastos caracterizados por fuertes pendientes, cerros incommodos de subir que forman las paredes de algún antiguo crater de anteriores erupciones, y en encallejonados valles ocultos para aquellos que ven la Isla desde los accesos de las playas. En todos los casos, el rey de esos lugares es el viento, un viento frío que sopla sin cesar y que te obliga a cubrirte completamente hasta desaparecer debajo de los cortavientos, guantes, pantalones de tormenta, forros polares, gorros y demás ropa de abrigo. Mientras trabajas en estas condiciones aprendes a entrenar la paciencia con ése que reina en este mundo. Entre la ropa que te aisla físicamente del entorno y el ulular del viento que aisla tus pensamientos, de repende, sin saber desde cuándo ni por qué, te encuentras mirando hacia tu interior, quizá buscando los límites del aguante físico o intentando evadirte del castigo físico que supone trabajar en esas condiciones.


(Foto de Segavdec-flux)


(Foto de Segavdec-flux)

En Decepción se mezclan los colores, ocres, rojos y amarillos tierra con el blanco de los glaciares y el negro de los piroclastos, aquí los cerros se levantan con formas suaves junto a los fuertes cortados que configuran las crestas que separan el anillo exterior de la Isla y las playas de la bahía interior. Decepción tiene forma de C, abierta hacia el Sureste por un estrecho paso. Al fondo, la playa de Fumarolas separada del exterior por la Cresta Stonethrow. Éste es uno de esos lugares mágicos de la Isla pues en ella habita el espíritu de Decepción, el Hombre de Piedra. Cuando uno le hace una visita al Hombre de Piedra y se encuentra las Crestas entre las nubes con sus colores ocres, negros y amarillos tierra la vista es sobrecogedora y la magia flota en el ambiente. Los valles que aparecen tras cualquiera de los collados que se atraviesan en las marchas de aproximación pueden mostrarte una auténtica sinfonía de colores sobre una base negra de aspecto lunar y su visión suele provocar una sensación de libertad y pequeñez que le marca a uno para siempre.


(Foto de Segavdec-geo)


(Foto de Javier Cristobo)

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